Comando Lampinho (el pase a la clandestinidad)

El avión después del avión (o el pase a la clandestinidad del Comando Lampinho)

Luego de la toma de la radio, en el episodio número 210, pacífica pero problemática por la reacción de la "corpo" que maneja los premios eter de la radio, el Comando Lampinho decidió pasar a la Clandestinidad.
Después de deliveraciones internas, se decidió abandonar el país y operar desde el exterior para que El Macroscopio sea nominado a los premios Eter.
El Comandante Lampinho, experimentado marino, decidió tomar prestado el avión de Mr. Goodkat (es muy sencillo, después de todo, manejar un avión), subir a toda la cadena de mando y partir para operar desde el exterior.


Luego de subir a la nave con la que se maneja habitualmente el mentor, una vez acomodados todos los jerarcas del grupo revolucionario radial, toman con el avión un avión.



Así, comenzaba en forma secreta la etapa clandestina del movimiento de revolución radial, fieles a su estilo, abordaron el "plane" como cualquier hijo de vecino, en clase populacha.  La situación financiera no es de lo mejor, ni en el país ni en el exterior, pero el Comando Lampinho tiene variantes para superar cualquier cosa.



El vuelo se desarrolaba tranquilamente y el modo de comportarse del comando era absolutamente sobrio y frugal.  Pero, la fama del movimiento les jugó una pasada. El personal de a bordo reconoció al marino y los suyos...




Se hizo presente el capitán de la areonave quien resultó ser un fanático de Lampinho y sus secuaces.
Le contó que toda la familia había votado a El Macroscopio como mejor programa de radio AM para los premios eter de la radio.
El capitán invitó a Lampi y sus muchachos a viajar como el grupo lo merecía. El comando intentó rechazar el ofrecimiento. No obstante, la cantidad de autógrafos que llevaban firmados el fanstama Chasman y Froid´d convencieron a Lampi de aceptar el ofrecimiento.


El comando fue alojado en primera. La situación fue parecida, continuaron firmando autógrafos, aunque  ya no corrían peligros por la euforia de los pasajeros. En clase económica, justo es reconocer, su integridad no podía ser asegurada por mucho tiempo más.


El viaje fue aprovechado por el comando para trabajar en distintos planes de acción. Estos fueron prolijamente anotados por el subcomandante Tarta (el mudo), secretario de actas del movimiento.
Habían llegado al remoto lugar, el éxodo llegaba voy a su fin. O, mejor dicho, comenzaba.



Fueron dejando el avión después del avión. Y comenzaron a transitar el aeropuerto, con la colaboración de toda la tripulación y el pasaje, volvieron al anonimato que su clandestinida requiere.